De las calles montevideanas, a las de París


Me hace reflexionar mucho como lo que alguna vez solo existía en mis pensamientos, hoy es mi realidad.


Me hace reflexionar mucho como lo que alguna vez solo existía en mis pensamientos, hoy es mi realidad.

Muchos de nosotros imaginamos cosas las cuales nos obligamos a creer fuertemente, que solo se trata de algo imposible, algo que solo puede ser verdad mientras nos bañamos, comemos o dormimos… o sea, en nuestra mente, en nuestros pensamientos. La mayoría de las veces no tenemos ni idea de cuán cerca puede estar la posibilidad de hacerlo real y por tanto, nos auto imponemos que es un imposible que jamás vamos a alcanzar.


Hace unos días, mientras caminaba por la orilla del Río Sena, se me vino a la cabeza el como es la vida y lo fácil que es hacer lo que se nos de la gana, si es que realmente lo queremos.

Desde chica siempre tuve muchísimos sueños pero había uno en particular, un proyecto, un anhelo, que no lo podía sacar de mi cabeza estuviera donde estuviera y haciendo lo que fuera. Ese sueño, anhelo, era conocer y vivir en París.


Hasta el día de hoy, sin que nadie sepa porqué, yo queria viajar a París. Cualquiera de ustedes podrá decir que siendo una niña es normal que me hubiera obsesionado con querer hacerlo luego de ver aquella pelicula sobre Paris, más dudo que así fuera ya que eso se hubiera remitido a un capricho y los mismos tienen un corto periodo de duración. Así que si así hubiera sido, con los años se me habría olvidado y habría pasado a otra cosa…, pero no! Los años pasaron y yo seguía obsesionada y enfocada en que algún día llegaría a los pies de la torre Eiffel y allí me quedaría.

Recuerdo además, que luego de ver esa película, agarraba unas enciclopedias enormes que tenía, buscaba a Francia y me ponía a leer. En el liceo, cada vez que tenía que identificar algo lo hacía con la reiterada torre Eiffel; cuando una vez mi padre nos regaló pintura y asignó un pedazo de muro para pintar en mi casa, entonces yo dibuje a la torre Eiffel y así hasta el día de hoy, que me encuentro escribiendo sentada al lado de una ventana, donde cada cinco segundos se ve pasar por el cielo la luz que emana la… la… SI, la torre Eiffel. 


También recuerdo como si hubiera sido ayer, el día en que la vi, el día en que finalmente la tuve frente a mis ojos.

Desde el avión, veníamos todos muy pendientes de verla y aunque la suerte y las nubes no lo permitieron, sabíamos que estaba allí. Cuando salimos del aeropuerto, lo hicimos en un bus que nos llevaría al centro de la ciudad. Yo no tenía ni idea de donde estaba pero iba súper emocionada con mi celular haciendo un book de selfies y riendo a más no poder. En un momento, el bus pega un giro, yo levanto la mirada y allí logro alcanzar a ver la mitad de la Eiffel. Mis manos fueron hacia mi cara como un imán y las lagrimas comenzaron a salir.

Dios mío!!! Que alegría, que emoción, que euforia, adrenalina, todo, todo junto!!! Una sensación que difícilmente se describe con palabras cuando haces realidad uno de tus sueños y más, si la espera fue de 17 años…



Esa no fue mi llegada definitiva a la gran ciudad, más en ese instante fue que confirmé que ese era mi lugar. No me quería ir por nada del mundo y aunque así lo tuve que hacer cuando regresé, lo hice para siempre. Hoy París es mi casa, mi hogar y acá me voy a quedar.

Obvio que así como les cuento el lado positivo de todas mis historias, también están los negativos, esos que a nadie le gusta admitir. ¿Pero saben una cosa? No hay nada más lindo y gratificante que saber que se está en el lugar correcto, en el lugar donde uno quiere y necesita estar porque el corazón a gritos lo pide. Rara vez las cosas son todas color rosa y más a menudo son las dificultades las que atacan el día a día, más la certeza de saber que estás donde debes estar, no se cambia por nada. Y eso, junto con la muerte, es lo único seguro que podemos tener.


Para no aburrirlos y finalizar esta historia, no quisiera caer en la típica frase “follow your dreams” pero… POR FAVOR: escuchen a su interior. Escúchense por un minuto en sus vidas y dense la oportunidad de ser sinceros y auténticos con ustedes mismos. Ninguna circunstancia ni ninguna persona, les va a dar la seguridad y la plenitud como el hacer y ser lo que verdaderamente sientan. Y no se los dice una persona con la vida fácil, con los recursos económicos suficientes para vivir donde le plazca. Se los dice alguien que la “rema en dulce de leche” desde que decidió ser feliz. Así que si yo pude, cada uno de ustedes también.




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