¿Hice bien?

Actualizado: abr 18


Es realmente increíble como nos podemos llegar a sentir tan solos cuando vivimos lejos de casa. Aunque nuestra realidad no sea de las peores; aunque tengamos pareja, amigos, conocidos del trabajo, es indescriptible lo que llegas a sentir cuando no todo va bien y no tienes donde recaer

Sin duda como siempre digo, irse del país dejando atrás todo lo que nos rodeaba desde siempre, no es una decisión que pueda tomar cualquiera y si finalmente lo haces pero no todo sale como esperas, es ahí donde puedes estar seguro de que vivirás los peores momentos de tu vida. No solo porque la cosa se complicó sino porque cuando necesites llorar, hablar o simplemente recaer sobre un hombro conocido, no vas a poder. Tu único recurso será tu teléfono y/o la posibilidad de sentarte en la ventana de tu casa y admirar la nada — si es que la tienes — .

En esos duros momentos cuando necesitas tan solo un abrazo y no lo tienes, es cuando empiezas a dudar y cuestionar si todo tu recorrido y decisiones tomadas han valido la pena.

Comienzas a ver las cosas desde otro ángulo, a observar de cerca el lado negativo y a analizar las posibilidades que hubieses tenido sino hubieras tomado una u otra decisión. Pero, ¿cuál es el grado de acierto y error al que nos puede hacer llegar la mente?


Como es habitual en mi vida, porque a mí las cosas siempre se me complican, hace unos días me encontraba viviendo un momento un tanto difícil y como de costumbre recurrí a mis amigas más cercanas. Entre charla y charla, una de ellas me dijo: “tienes que agarrarte muy fuerte en estos momentos de aquellos primeros motivos por los cuales estás donde estás, porque fue lo que en realidad estabas buscando. No decaigas a mitad de camino. Es normal, los comienzos son así de difíciles y lo sabías, sabías que te enfrentabas a cualquier cosa, pero ese es el precio que hay que pagar por alcanzar lo que uno quiere. No te desanimes que lo mejor está por venir. Las cosas se van a ir dando así como se dio todo lo que tienes ahora.”

Generalmente estas palabras las puedes leer en el horóscopo o en google… pero cuando te lo dice una persona cercana ya no es lo mismo, no tiene el mismo efecto ni sentido para ti. Muchas veces ni siquiera tenemos en cuenta cuanto efecto puede tener lo que decimos en otras personas pero al final, estas palabras hicieron que todo eso malo desapareciera. Hoy volví a recaer. Releí ese mensaje, agarré a mi hija y me fui.



Sin saber si es coincidencia o suerte, cuando salgo de mi casa y camino unas cuadras estoy parada frente a la Torre Eiffel. Solo tengo que salir de mi edificio, llegar a la esquina y cruzar dos semáforos. Casi siempre espero a que pase la multitud y de mientras veo la cantidad de verde que me rodea: a mis espaldas un espacio canino y en frente otro de niños. Cuando logro cruzar, camino media cuadra, miro hacia mi derecha y es ahí que la puedo ver. Exactamente la mitad de la torre es que puedo ver entre árbol y árbol y ahí me quedo, observando, admirando y sintiendo esa paz inigualable que me genera ver ese monumento, el mismo que soñé por 17 años.


Sin duda que toda decisión trae sus cosas buenas y malas y sobretodo todo el comienzo es difícil.. muy difícil. Pero acá estamos, viviendo como y donde queríamos. Haciendo lo que quería aún no… pero ya lo podre hacer. Al final y aunque siempre se me complicó siempre sin excepción, logre lo que quería.

Y quien lee estas palabras también: tarde o temprano, con lágrimas o sin ellas, lo nuestro llega, lo que queremos llega y sino, con el tiempo sabremos y agradeceremos porqué fue NO.




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