Volver a casa con las manos vacías.

Nadie dijo que fuera fácil volver a casa, después de habernos ido llenos de planes y sueños, sin nada más que algo de experiencia y con fondos económicos en cero. Pero eso fue lo que me tocó a mí y sin duda, fue una lección mas.



En el momento en que decidí volver porque ya no tenía más opciones para seguir intentando en Buenos Aires, sentí como si todo hubiera sido en vano. La decisión más difícil de mi vida (dejarlo todo) había acabado 5 meses después, cuando la realidad me obligaba a volver para ver que hacer con esa nueva vida que yo había creado.

Mi familia y yo siempre fuimos de clase media, nunca tuvimos grandes posesiones materiales y aunque jamás nos faltó nada, todo lo que yo hacía tenía que estar costeado por mí misma.

Entonces el 10 de diciembre del 2013, tomé mi barco y zarpé hacia Montevideo otra vez. Recuerdo que comenzaba el verano, se acercaba Navidad, Año Nuevo y en el aire se respiraba felicidad, fiesta, todo eso que se huele en diciembre. Los supermercados se inundan de compras navideñas; comienzan las despedidas del trabajo, los regalos, en fin.. es todo una fiesta. Pero yo estaba lejos de eso. Yo estaba en Solymar, que es un pequeño balneario a unos 40 minutos en autobús del centro de la ciudad, sin dinero y viviendo nuevamente con mi madre y hermanos.






Como muchas personas, traía a cuestas una relación que no avanzaba, que solo traía dolor pero que por alguna razón, quizás el miedo a estar más sola aún, mantenía. En fin, imprimí mis CVS nuevamente, y me decidí a encontrar el trabajo que me devolvería a Buenos Aires. Un par de semanas más tarde así fue y yo estaba trabajando para una casa de ropa unisex entre 10 y 12 horas diarias, ubicada en un shopping (plaza).

Comenzaron a pasar los días y mi vida era más monótona que incluso antes de irme a Buenos Aires. Los que trabajan o han trabajado en un shopping saben, que los horarios no siempre son los mismos. Un día trabajas de tarde, otro en la mañana, otros todo el día… digamos que tu vida comienza a girar en torno a eso y poco tienes para ti. Luego de una jornada en atención al público, como vendedora, lo único que quieres es comer y dormir. No hay mucho más por hacer. Lo único bueno que tenía eso era que estaba ganando experiencia… (llamémoslo así...) y, además estaba cerca de mi casa, con lo cual podía ir caminando y no gastar en locomoción.


Pasaron seis meses. Diciembre, enero y febrero son los meses más fuertes de calor, los meses de verano cuando todo el mundo sale de vacaciones a las hermosas playas que tiene Uruguay, o al exterior; cuando la gente cena hasta tarde en el fondo de la casa porque hace calor, cuando todo es relax. Bueno, en ese momento yo era una empleada esclava de los horarios y antojos que ese shopping tuviera.

Pero llegó julio, con su típico frío insoportable y fue cuando dije: se terminó. Mi cuenta bancaria ya era lo suficientemente buena como para volverlo a intentar.

En febrero pasado de ese año, me pedí unos días en el trabajo e hice una pequeña escapada a Buenos Aires nuevamente. Me anoté vía Internet a una audición para el UNA (Universidad Nacional de Arte) y cuando llegó el día me presenté. Era una prueba que duraba una semana y luego, colgaban los resultados en Internet para saber quiénes habían sido los seleccionados.




Fue la semana más feliz de mi vida hasta el momento. Me despertaba a las 8 am, desayunaba, cargaba mi ropa de danza y salía corriendo hacia la universidad. Allí, solo bailaba ante jueces y me iba. Pero esa semana terminó y entonces toco regresar a casa.

A los días colgaron los resultados y yo, no había sido seleccionada. Puedo recordar exactamente mi cara de desilusión tal y como si me hubiera visto desde fuera. Otra vez había fallado y la pregunta era: “¿Para qué estoy hecha sino es para esto?” “¿Cuál es mi camino entonces?” “¿Para qué soy buena??”


Miles de preguntas atormentaron mis días seguido a eso pero, que más podía hacer que seguir adelante? Llegó julio y concluyó la estadía en Uruguay. Claramente mi destino volvía a ser Buenos Aires pero esta vez con una excepcional diferencia: muy dentro mio yo sabía que esa sería la última vez en mucho tiempo antes de volver a Uruguay. Sabía que BsAs solo sería un pasaje y que algo grande me esperaba. Nunca supe porqué estaba tan segura de eso, solo había algo que me lo decía y yo lo creí. Entonces antes de partir, me acerque a las oficinas del Ministerio del Interior y saque mi pasaporte. Esta vez no iba a fallar…




Mis días pasaban como agua y yo no me quería perder ninguna oportunidad. Me levantaba temprano, iba a entrenar y me ponía a buscar audiciones, trabajos, etc. Solo tenía mis ahorros y con eso me mantenía por lo cual, era importante para mí conseguir lo que fuera antes de gastar todo lo que tenía.

Un día fui llamada para trabajar en un call center de sushi. Un call center de mierda, llevado a cabo por ciudadanos extranjeros, imposibles de descifrar cual de todos más ordinario y atrevido. Los días corrían de manera normal hasta que llego ese día. Era un jueves a la mañana, yo me aprontaba para el gym, cuando al cerrar la puerta suena mi celular. Era una conocida avisándome de que hasta dentro de dos horas, estarían haciendo una audición para trabajar en México. ¿Y yo… México??? Wow!! No lo pensé dos veces, me cambié, maquillé, peiné y me fui al casting. En este casting te audicionaban como imagen, bailarina y cantante. Un nuevo centro nocturno estaba por abrir en Querétaro-México y buscaban personal, el cual querían que fuera extranjero.

Al pasar los días, suena mi celular y me dicen que he sido seleccionada. Y la emoción que yo tuve en ese momento no se la puedo explicar a nadie. Recuerdo que estaba acostada y las palabras exactas a leer fueron: “estas seleccionada para trabajar en México”. Mi cuerpo hizo un efecto rebote, grite, llore, avise a todo el mundo. Eso era una fiesta. Al fin tanto esfuerzo estaba dando sus frutos.



Ese viaje estaba programado para el mes siguiente. Mi idea entonces era seguir trabajando y unos días antes de irme, renunciar. Todo siguió igual y una de las siguientes tardes en las que yo estaba trabajando, llega uno de los dueños. En toda la hora que estuvo, solo se dedicó a estar conmigo: preguntarme cosas de mi vida privada, invitarme a salir, en pocas palabras “babear” encima mío a lo que dije NO, conmigo no. Agarré mis cosas y me fui. Ni siquiera terminó mi turno que yo ya me estaba yendo, y que me importaba si yo ya tenía un pie en otro país, trabajando de lo que amaba hacer.

Entonces dije: por qué no me voy unos días a Uruguay y ya aprovecho a despedirme de mi familia? Plan perfecto. Agarré mis cosas y me fui. Estuve unas dos semanas y me regresé. Al llegar a BsAs, la persona encargada del grupo de personas que iban a viajar me llama y me dice: Lorena, el viaje fue cancelado. El dueño del lugar tuvo algunos inconvenientes y decidió posponer el viaje de ustedes…


En ese momento todo se silenció y yo me quede en modo off. Me apagué, dejé de existir por un instante. Minutos después apareció la pregunta: ¿otra vez? ¿Otra vez me dicen que NO? Qué momento, que horrible sentir.

En el mes de octubre, a principios de ese mes, mi celular volvió a sonar. Era la misma persona relacionada con México, ofreciéndome una nueva oportunidad y esta vez como cantante.

Casi se terminaba el mes, cuando me dicen que he sido seleccionada para viajar y hacer un periodo de prueba, que si era culminado con éxito entonces tendría mi contrato y visa laboral. Una pequeña sonrisa resurgió en mi pero sin hacerme grandes ilusiones. Un par de días después ya era de noche y me dicen que cheque mi correo, que me han enviado el pasaje. Abrí mi mail y efectivamente ahí estaba. Un pasaje a México con mi nombre para dentro de tres días. Y me puse a llorar.




Finalmente había llegado mi día de partir y luego de esperar dos dias en el aeropuerto por cuestiones climaticas, todo estuvo listo.

Llegamos al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y tras llegar a migración, me detienen, me interrogan, me encierran casi 24 horas sin comunicación ninguna y me devuelven para atrás. Al cabo de casi dos días, estaba de regreso en Buenos Aires.

Lo que le sigue a esta triste y desesperante historia, lo estaré contando en la siguiente entrada porque quiero hacer hincapié en lo que tuve que sufrir y todo por no saber cuales eran mis derechos como extranjera. Eso que me pasó a mi, le pasa a miles de personas y quiero dejar toda la información junta para que si hay alguien que lee esto, pueda usarlo como herramienta cuando decida viajar.




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